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Mostrando entradas de agosto, 2021

ANEXO IX: Platos rotos y comida podrida.

Ante las inminentes represalias que podía tomar el grupo tras descubrir la verdad, López Nielsen ordenó enfurecido a sus esbirros que fueran a capturar y dar faena al Periodista, para que no quedaran dudas entre los presentes de que a pesar del abandono internacional él seguía con el control total de la situación.   Una vez que las dos enormes moles se llevaron al voyeur inoportuno al depósito en el que se encontraban los Incunables que formaban parte del enorme acervo bibliográfico de la Biblioteca, entre los que destacaban una hoja de la Biblia de Gutenberg, la primera edición de la Divina Comedia de Dante Alighieri y una decena de escritos de Santo Tomás de Aquino, para hacerle aprender una lección que no estaba escrita en ninguna página pero que no podría ser descripta por ninguna de las palabras albergadas allí, el Presidente se dirigió a la sala de lectura y se dispuso a transmitir desde una de las computadoras un mensaje hacia toda la población, por primera vez desde el anun...

CAPÍTULO XVIII: Nada que perder.

A medida que atravesaba volando las desiertas calles de la ciudad, dejando tras de sí una estela de polvo espeso a su paso, las lágrimas brotaban de sus ojos como regueros de desesperación bañando el asfalto agrietado. No tenía lugar al que ir donde no lo buscaran, ni tampoco más contención que la de su propia autocompasión. Era un paria sobrevolando aquella jungla de la que tantas veces se había sentido parte, abrazado por el anonimato sobrecogedor que hoy lo escupía devolviéndolo a la realidad más absoluta. En ese instante la soledad no era otra cosa que un diminuto duende comiéndole la nuca y buscando tocarle las pelotas.   Sebastián pensó entonces que la única persona que al menos le daría unos segundos de respiro, dándole una cachetada antes de cerrarle la puerta en la cara sería Eva. Para ese entonces, su novia seguramente habría visto el crimen por televisión al igual que el resto del mundo. Entonces, recordó que cuando solían discutir y debía pedirle perdón, manejaba ha...

CAPÍTULO XVII: El destino de los hombres.

Cuando el pueblo griego sufría una desgracia, solía cargar sus culpas a los dioses sin hacerse cargo de la injerencia de sus propios actos. Uno por uno, les habían atribuido características que se amoldaran fielmente a cada uno de los pormenores que podían sufrir. Ares era aquel al que irían a parar las quejas frente a una derrota bélica, pero también sería quién reciba las ofrendas para ganar una batalla. De la misma forma, Demeter era la culpable de las inclemencias del clima sobre las cosechas en tiempos de sequía, así como también la benefactora causal de los cultivos sanos con los que las distintas ciudades de la Antigua Grecia se alimentaban en las épocas de escasez. Pero de entre todos esos seres mitológicos, uno destacaba por encima de los demás y había logrado erguirse como rey supremo y soberano. Zeus, una luz cegadora en medio de la oscuridad, la turbulencia en medio del remanso. Un ser capaz de controlar los cielos y transformarse en todo aquello que le fuera útil para cump...

ANEXO VIII: No cuentes lo que viste en los jardines.

Cuando Miguel Ángel abrió por fin sus ojos, sintió la ardiente necesidad de no volver a cerrarlos nunca más en lo que le quedara de vida, a pesar del intenso ardor que sentía en las sienes y la tupida cascada de sangre que le nublaba la vista. Frente a sus ojos, como una estatua inmóvil de una ninfa ideal estaba detenida a su guardia Mora Cantilo, tomando con una de sus manos la suya contra su pecho y con la otra cubriendo su frente con un paño húmedo y tibio que le recordaba a aquellas noches frías en Caracas, en las que su abuela lo cuidaba de la fiebre. No entendía el espejismo, no comprendía si aquella sensación aunada de todos sus sentidos se trataba de una simple trampa de la realidad o acaso todo eso era real, tampoco sabía bien si se estaba enamorando, pero estaba cerca.   La noche espesa había caído sobre la Biblioteca Mariano Moreno y ni siquiera la Luna parecía atreverse a aparecer ante la llegada de los invasores. El joven logró incorporarse y apenas atinó a pregunt...

CAPÍTULO XVI: Matar, el pecado universal.

El centinela dio la orden desde una de las torres de control de la cárcel, a la que llegó el convoy que trasladaba al asesino cuya cara figuraba en todas las primeras planas de cada diario del país, y en ese instante la pesada puerta de hierro que separaba la inocencia del ámbito civil del pesado mundo del hampa se abrió lentamente. El camión ingresó al patio de la penitenciaría, abriéndose paso en un mar de reos y malvivientes de la más baja calaña que se apartaban como si dejaran pasar en respetuosa procesión a una figura divina y ancestral. Las puertas de la caja se abrieron de par en par, alumbrando el confundido rostro de Gnökz que para ese entonces se encontraba desorientado, tras una eternidad de minutos mirándose las caras con su escolta. Entre Cabral y Pavón bajaron al trasladado a tierra firme con la misma dejadez y falta de tacto con la que trataban a cualquier recluso, acostumbrados a convivir con malvivientes como el pan de cada día. Al pisar el suelo terroso con un golp...

CAPÍTULO XV: Una aventura episódica.

El convoy blindado había ingresado raudamente por la Calle Lavalle desde la congregación policial y militar que aún montaba guardia en los escombros donde horas atrás se había descontrolado todo. Segundos más tarde estaba esperando sobre la Calle Uruguay, a la vista de las miradas curiosas de los vecinos y transeúntes que comenzaban a reunirse en torno al vehículo, con la expectativa de alguien que espera un viento de novedad en medio de una vida repleta de tedio y aburrimiento. Deseaban con discreción un evento incontrolable, que alguien en el barrio hubiera sufrido algún infortunio, alguna entradera fortuita en medio de aquella apacible rutina. En secreto, todos deseamos ver el resbalón por la cáscara de banana, más allá de que después ofrezcamos nuestra mano gentil como ayuda y cobijo cada quién en lo más íntimo de su consciencia sabe que la tragedia ajena sirve de placebo para enmascarar la propia. Pero si aquel tumulto de almas en pena a la espera de un premio hubieran sabido lo q...

ANEXO VII: La dueña de todas las miradas.

Los años noventa en Argentina fueron la antesala de un crimen sucio tapado por un perfume caro. Mientras los que gobernaban recorrían las calles ostentando sus ferraris y traían a íconos del rock a tocar a los estadios con la falsa ilusión de tener el mismo peso económico que el resto del mundo y poder pasar de la mesa de los chicos a la mesa de los grandes para charlar de cosas importantes, quienes más tenían brindaban prometiéndose cosas que jamás ocurrirían y llenándose los bolsillos de humo, mientras la clase trabajadora esperaba un fin de fiesta que se convertiría en un velorio. La promesa de ir a la estratósfera y regresar en cuestión de minutos quedaría relegada a ser tan solo una burda representación del ascenso y ocaso de una de las figuras más prometedoras de la farándula argentina. Aquella repentina bruma se esfumaría al igual que la década por un crimen sucio tapado por un perfume caro. Mora Cantilo había empezado a pisar las tablas y recorrer los escenarios desde muy chi...