ANEXO IX: Platos rotos y comida podrida.

Ante las inminentes represalias que podía tomar el grupo tras descubrir la verdad, López Nielsen ordenó enfurecido a sus esbirros que fueran a capturar y dar faena al Periodista, para que no quedaran dudas entre los presentes de que a pesar del abandono internacional él seguía con el control total de la situación.
 


Una vez que las dos enormes moles se llevaron al voyeur inoportuno al depósito en el que se encontraban los Incunables que formaban parte del enorme acervo bibliográfico de la Biblioteca, entre los que destacaban una hoja de la Biblia de Gutenberg, la primera edición de la Divina Comedia de Dante Alighieri y una decena de escritos de Santo Tomás de Aquino, para hacerle aprender una lección que no estaba escrita en ninguna página pero que no podría ser descripta por ninguna de las palabras albergadas allí, el Presidente se dirigió a la sala de lectura y se dispuso a transmitir desde una de las computadoras un mensaje hacia toda la población, por primera vez desde el anuncio de la llegada de los invasores:

 

- Estimados y estimadas compatriotas. Han sido tiempos de mucha  incertidumbre, en los cuales hemos tenido que bregar no sólo por el bienestar de nuestra querida patria, sino también por el del mundo entero. En titánica comunión hemos logrado hermanarnos con el resto de los países de América Latina, así como con nuestros vecinos del Norte, para dar frente a la amenaza foránea que intenta doblegarnos bajo el yugo colonialista de una raza que desconocemos. Sí de algo estamos seguros, es que no vienen en paz. Pero también estamos seguros -y quiero expresarles esto para que permanezcan tranquilos- que les daremos batalla. ¡La libertad es lo único que importa! ¡Qué inflame nuestros corazones su fuego! Y como dijo el padre de la patria... ¡Seamos libres, lo demás no importa nada!

 

Al exclamar las últimas oraciones y quedando conforme con las palabras que había declamado, a Bernardo López Nielsen lo procedió un descarnado silencio. Acostumbrado a los vítores y aplausos luego de cada discurso, aquella pausa brutal y desoladora lo abrumó. Decidió ver de reojo los comentarios que se agolpaban en avalancha en la plataforma de streaming por la que había transmitido su mensaje y lo único que alcanzó a leer fueron una caterva de insultos que se amontonaban sin piedad.

 

El pueblo entero, sin importar el color político que profesara, se deshacía en maldiciones e improperios que denostaban a todo su árbol familiar.

 

Desesperado ante aquel panorama, optó por continuar con su diatriba para ver si lograba transmitir un mensaje esperanzador que lo ayudara a mermar las aguas turbulentas en las que estaba ahogándose. Al comenzar a transmitir, automáticamente la audiencia creció a millones de personas, llegando a un record sin precedentes para la plataforma. Más de la mitad del país estaba pegada a las pantallas de computadoras y celulares para escuchar de la boca del mandatario una disculpa que se amoldara a la desidia que habían vivido en los últimos días.

 

- Entiendo el ánimo popular. Se me acusa aquí de haberlos abandonado, de haber dejado huérfana a la patria que me fue legada, aquella que juré defender por los Santos Evangelios. Pero todas esas son injurias. Si algo he hecho a lo largo de estos días fue velar en silencio por el bienestar de ésta, nuestra patria. Me he juntado con el más selecto y capacitado Comité de profesionales idóneos para encontrar una salida de este túnel desolador...

 

De repente, una donación millonaria por parte del dueño de una de las plantaciones más importantes del campo argentino interrumpió el discurso.

 

- ¿Dónde carajo está el vice presidente? ¡Qué él se ponga los pantalones, cagón!

 

Enfurecido, el Presidente intentó retomar el hilo de sus palabras, sin importarle que la webcam tomara a detalle la vena morada que comenzaba a hincharse en su cuello, ni como su cara iba volviéndose bordó de la rabia.

 

- El vicepresidente es un inepto. Solo es un viejo cascarrabias al que pusimos dentro de la fórmula para captar votos de la tercera edad. ¿Acaso creyeron que ese vejete podía servirnos para otra cosa?

 

El vicepresidente Horacio Salerno presenció la transmisión desde la computadora de su nieto Juan Cruz y al oír aquellas palabras rompió en llanto. De a poco, las miles de personas que aún quedaban como audiencia retenida de aquella emisión fueron desapareciendo y el Presidente quedó sólo, enarbolando un discurso épico en una gesta que lo tenía como único protagonista.

 

-          Sólo les pido que no me suelten la mano. ¡Combatamos juntos esta amenaza, unidos venceremos, compatriotas!

 

Luego de decir esas últimas palabras, López Nielsen miró el monitor nuevamente. Había quedado completamente solo, hablándole a un ojo de plástico que observaba su miseria en silencio. Nadie quedaba en ese stream, ni aquellos que lo habían votado en las elecciones años atrás, ni tampoco los opositores que esperaban su caída con ilusión. Su presencia ya no imponía respeto alguno, pero tampoco generaba odio. Se había convertido de una vez y para siempre en la cara de la indiferencia, que es peor que ser denostado por una turba iracunda.

 

Logrando sortear a los gigantes guardaespaldas, el resto de los que se encontraban recluidos en la Biblioteca Mariano Moreno llegaron a donde el mandatario había transmitido su discurso, justo para presenciar su descenso hacia el averno. Mora Cantilo y  Miguel Ángel sonrieron, sabían bien lo que aquello significaba. Eran libres, finalmente, aún en esas circunstancias. Ya no tendrían que bajar la cabeza ante el despotismo de aquel hombre nunca más. El resto, aún aquellos que se encontraban en el bando del presidente, comenzaron a romper filas para el bando contrario. Ya no había lugar donde esconderse.

 

Bernardo López Nielsen cerró la plataforma, resignado. Apagó el aparato con desidia y miró con tristeza a la gente a la que había defraudado. Aquellas personas representaban en carne viva a toda la Nación. Se levantó, acercándose a ellos, con las manos levantadas como ofreciéndose a ser esposado. Pero antes, raideó las últimas cinco personas que aún quedaban viendo aquello desde sus computadoras a un streamer de poca monta, con apenas diez suscriptores, que se puso muy feliz. 

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