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Mostrando entradas de julio, 2021

CAPÍTULO XIV: El Arca

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Cuando Elías Mastromarino cruzó por primera vez el pesado portón de hierro que separaba al colegio Saint Meredith del resto de la gente común que deambulaba por Belgrano, sintió en su espalda un vago escozor que presagiaba lo peor. Con cada paso que daba para adentrarse en las fauces de aquella bestia dormida de hormigón, cada argumento que había esgrimido a lo largo de su vida para defender o justificar su vocación iba cayendo fulminado al suelo. A veces, la verdadera docencia se ejerce fuera de las aulas, ya que dentro es una guerra sin trincheras. Había conseguido que la madre de su novia le remendara el único saco que tenía más o menos en condiciones y llevaba también consigo el libro de historia que lo había acompañado durante todo su paso por la secundaria, ya que a pesar de que no fuera contemplado en la currícula como material teórico ni de consulta, esperaba transmitirle a esos futuros adultos la misma pasión que a él lo había embriagado tantos años atrás con el correr de la...

CAPÍTULO XIII: Tres hombres con suerte.

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A pocas horas de que las inequívocas hordas que se aproximaban a la tierra desde las profundidades del espacio arribaran finalmente, el destino de tres hombres se vería hermanado bajo el manto áspero de la suerte, que es la caricia de los mediocres.    Un fastuoso y desproporcionado despliegue policial se presentó en la puerta del departamento de Sebastián con más prisa que paciencia, derrumbando la puerta como quien derriba castillos de arena. Ingresaron torpemente, tumbando cuanta evidencia entorpeciera su paso, en busca del criminal más buscado a esas horas por cada rincón del país. Mientras tanto, veinte metros bajo tierra, se llevaba a cabo un improvisado juicio por presunto crimen de lesa humanidad. El acusado, Elías Mastromarino, estaba siendo juzgado por atentar contra la credulidad y la buena fe de un contingente de víctimas expectantes que se encontraban desamparadas ante la inminente invasión alienígena, promulgándose como único conocedor de la raza invasora, pr...

Anexo VI: Valsecito a ciegas

En la vida hay gente que usa zapatos y gente que ata cordones, personas que son sombra sólo para que otras brillen. Va más allá de las circunstancias azarosas del contexto en el que se nazca o la familia a la que se pertenezca. Es algo intrínseco, un llamado ahogado desde las entrañas que deposita a cada persona en uno de los dos casilleros. Pero las ventanas y las etiquetas sólo se rompen a piedrazos. Desde que nació, la familia de Bernardo López Nielsen supo que el niño estaba llamado a conseguir cosas grandes, como una predestinación irrevocable. Gozó de una educación privilegiada en uno de los más prestigiosos colegios privados de la ciudad de Buenos Aires, pero su desempeño durante toda su juventud fue más bien mediocre y al terminar la secundaria ingresó arañando a la carrera de derecho. Los niños suelen soñar con profesiones delirantes cuando son cuestionados acerca de su futuro. Los hay que quieren convertirse en astronautas para adentrarse en los confines del espacio en busc...

CAPÍTULO XII: Apaguen los televisores, miren al cielo.

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Franco Caride supo el 16 de Julio de 1969 dos cosas: La primera, que a sus siete años de edad había encontrado su vocación, ser el periodista más conocido del país. La segunda; que destinaría su vida para demostrar que aquella ilusión que le había regalado la pantalla del viejo televisor de la sala, al ver a esos dos hombres dentro de trajes blancos bajando del Apolo II y flotando sobre aquel suelo rocoso, era verdad. Armando, su padre, había apagado furioso el televisor y entre susurros despreciables le ordenó que se sentara a la mesa para cenar. - ¡Falta nomás que inventen ahora que debajo de la tierra hay monos en una ciudad de oro!- exclamó irónico.- ¿Podés creer, Norma? La madre de Franco dejó la bandeja humeante, repleta de canelones en la mesa y se sentó con la mirada vergonzosa de cara al televisor apagado, como si intentara en vano rescatar algún destello de aquella noticia que estaba cambiando el mundo, pero a ellos les había sido prohibida. - No te pongas así, Armando,...

CAPÍTULO XI: Calamita imantate.

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Antes de adentrarse en la oscuridad del túnel que comunicaba la estación de Facultad de Medicina con Callao en una incierta aventura contra quién sabe qué abominables criaturas, Aníbal Gaona repasaba compulsivamente el inventario de armamento que junto a Gastón y Félix, dos jóvenes estudiantes de arquitectura y diseño industrial respectivamente habían confeccionado en la improvisación que solo la desesperación permite. A la par, Marinelli comandaba la tropa encargada de subir al entrepiso y saquear el kiosco de la boletería, para luego aventurarse hacia el patio de comidas ubicado bajo la enorme explanada de la Plaza Houssay. Allí recolectarían de cada local de comida rápida abandonado lo que encontraran y lo guardarían en bolsas de residuos para transportarlos de manera más práctica. Luego, realizarían una cadena de traspaso perfectamente ordenada desde el exterior hacia la boca del subte y luego el andén, transportando todos los víveres para emprender el éxodo. Luego de media hor...

ANEXO V: Palomita blanca.

Cada vez que Miguel Ángel tenía pesadillas y despertaba sobresaltado en medio de la noche, su abuela Irma solía cantarle una vieja canción de cuna caraqueña.   'Palomita Blanca ¿Qué estás haciendo? Lavando la ropa para la boda.'   Con aquella suave caricia el niño olvidaba en un segundo las pesadillas, los agarrones en la escuela y la indiferencia de su padre. José Antonio Salazar era la mano derecha del gobernante de turno en tierras bolivarianas y pasaba pocas horas en su hogar. Por eso Miguel Ángel debía elongar su imaginación con juegos fantasiosos para pasar las tardes, luego de las arduas jornadas escolares repletas de pleitos y hostigamiento por parte de sus compañeros.   Resulta que Miguel Ángel odiaba los deportes y a pesar de los ingentes esfuerzos de Don José Antonio por inscribirlo en béisbol o baloncesto, el joven prefería la fotografía. Con sus primeros ahorros logró comprar una cámara Canon con un lente de 18-55mm.   Desde entonces,...

CAPÍTULO X: Hormigas y mariposas.

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En medio de la desolada Plaza Houssay se oyó el grito desesperado de una madre buscando a su hija pequeña. Todo el mundo estaba encerrado en sus casas, presos de una incertidumbre latente ante un falso descubrimiento que ha dejado en toda la población un gusto agridulce, que sin embargo sabe a poco. Era un grito que salía de las entrañas con angustia y temor, retumbando en cada vidrio de la abandonada facultad de medicina y viajando hacia el otro extremo, la facultad de economía, en un eterno y estremecedor vaivén. -             ¡Clarita! ¡Clara! ¿A dónde te metiste?   Al verla, la mujer corrió desesperada a través de los parterres de la plaza agitando sus manos en lo alto, intentando llamar la atención de la niña que la miraba sentada en el césped. De pronto, Clara comenzó a reír y aplaudir descontrolada en un irónico reflejo del aplauso desesperado de las playas cuando se pierde algún menor. Cuando por fin la alcanz...