CAPÍTULO XXVII: ¿A qué huelen los santos?
Al salir del subterráneo, los grupos de Gaona y Mastromarino se encontraron con un panorama desolador. Las señales intermitentes de ascenso y descenso de las formaciones de trenes se habían apagado hacía mucho tiempo, gastando sus baterías de larga duración para emergencias, cuando el contingente decidió aventurarse hacia lo desconocido. Continuaron avanzando a oscuras por el ominoso túnel. Gaona sugirió sincronizar los pasos como acostumbran los pelotones militares y pisar de manera pausada y discreta, con la intensión de minimizar el ruido por si alguien o algo estuviera esperándolos al otro lado del abismo. - ¿Vamos a morir?- preguntó Tuti Moreira, temblando. En aquella súplica vestida de pregunta se escondían dos novedades: por primera vez la joven sentía verdadero temor y por primera vez confiaba más en aquel viejo ex militar que en su mentor. - El miedo es una alarma para el enemigo, piba.- susurró el hombre, intentando que sus palabras llegaran a sus oidos tan solo como una proy...