CAPÍTULO XXIV: La sombra de un cuervo blanco.
Después de una ardua noche de trabajo regresó a su hogar exhausto, con el único deseo de reencontrarse con los suyos, besar en la frente a su hijo y mostrarle una copia de la partitura original de la misa de Réquiem en re menor KV 626 de un joven compositor austríaco que sin embargo no sabía que estaba llegando al final de su vida. La había replicado con su mente durante su último viaje, pero aún no se la había podido entregar al pequeño. Su rostro enjuto reflejaba lo arduo de la jornada y en su barba comenzaban a asomar algunas canas. Al llegar, abandonó la dorada hoz con la que labraba la tierra del sector que le habían asignado para trabajar e incorporándose, ingresó a su casa. Su raza llevaba milenios perfeccionando una sofisticada dinámica de producción. Desde que la Tierra vio evolucionar a los primeros seres humanos y estos comenzaron a inquietarse por descubrir que había más allá de las fronteras de la atmósfera, todo tuvo que cambiar. El planeta Marte debió restringirse y ...