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CAPÍTULO XXVI: Melodía universal.

Se encontraba agitado. Los últimos meses había sentido un agobio que le resultaba ajeno, como si su cuerpo entero hubiera comenzado a despedirse de manera paulatina. Siempre había entregado todo de sí en cada presentación, con la energía de cien trenes concentrados en su cadera y una voz que destruía cualquier muralla que la segregación intentara levantar.  Sobre sus hombros cargaba la voluntad de todo el pueblo estadounidense. Había hecho más que cualquier otro y aún no era suficiente para él. Necesitaba dejar en claro que era el Rey, hasta el último suspiro. Había soñado desde chico, viviendo en los barrios bajos, con ese momento: un lugar donde el sol brillara fuerte y los pájaros cantaran, siendo todos iguales. El momento había llegado. Llevaba en sus espaldas un sol dorado y su voz iba a retumbar aquella noche del 21 de Junio de 1977 en cada pared del Rushmore Civic Center de Rapid City al sur de Dakota, pero aún no lo sabía. Estaba concentrado en entregarse una vez más. Salir...

CAPÍTULO XXV: La conjura del deseo.

Los entrenamientos apenas habían comenzado para Gnökz meses atrás, cuando la Consciencia Colectiva lo había reclutado para formar parte del cuerpo armado. Próximos a cumplir la mayoría de edad, los jóvenes se iniciaban en el arte de la guerra: El entusiasmo de éstos era absoluto, entablando competencias tácitas por quién recibía primero el llamado. Millones de años atrás, el desarrollo  militar había permitido a la raza Gnömak abandonar el nomadismo para volverse sedentarios y desarrollarse.  Desde entonces, el progreso dentro de la carrera armamentista era sinónimo de prestigio social: Los más jóvenes comenzaban como inexpertos soldados en entrenamiento, aprendiendo técnicas de combate que sus antepasados habían perfeccionado durante siglos, en un constante intercambio con los terrícolas. Entrados en la adultez, lograban escalar y convertirse en cabecillas del ejército. Más tarde eran enviados en fugaces viajes a la Tierra como agregados culturales. Entonces, realizaban exped...

CAPÍTULO XXIV: La sombra de un cuervo blanco.

Después de una ardua noche de trabajo regresó a su hogar exhausto, con el único deseo de reencontrarse con los suyos, besar en la frente a su hijo y mostrarle una copia de la partitura original de la misa de Réquiem en re menor KV 626 de un joven compositor austríaco que sin embargo no sabía que estaba llegando al final de su vida. La había replicado con su mente durante su último viaje, pero aún no se la había podido entregar al pequeño. Su rostro enjuto reflejaba lo arduo de la jornada y en su barba comenzaban a asomar algunas canas. Al llegar, abandonó la dorada hoz con la que labraba la tierra del sector que le habían asignado para trabajar e incorporándose, ingresó a su casa. Su raza llevaba milenios perfeccionando una sofisticada dinámica de producción. Desde que la Tierra vio evolucionar a los primeros seres humanos y estos comenzaron a inquietarse por descubrir que había más allá de las fronteras de la atmósfera, todo tuvo que cambiar. El planeta Marte debió restringirse y ...

CAPÍTULO XXIII: El delgado hilo que sostiene todo.

En medio del desolado camino que conducía hacia l a Hostería, empezaron a oírse unos estruendos anormales y un inmenso cúmulo de nubes grises comenzó a agolparse sobre el camino inhóspito. Trento miró hacia el cielo, torciendo la cabeza y tratando de escapar la mirada a través del vidrio de la camioneta. Entonces su rostro se transformó en las esquirlas de aquel hombre bonachón que había salido al rescate de Sebastián.   A la vera de la ruta que bordeaba el río Hua Hum había unos caballos descansando. Sin embargo, al pasar por el costado, Trento y Sebastián advirtieron en la mirada de los petisos una furia inusitada. Parecía que algo los hubiera poseído, desgarrándoles el instinto animal y sumiéndolos en una condición aún más bestial y primaria.   -               No es buena señal esta, mi amigo.- comentó atemorizado y con una voz de ahogo el viejo hombre de campo.- Vea al cielo… Esas no son nubes de tormenta. La...

CAPÍTULO XXII: Ideología Galáctica.

Al bajar el último trecho de la cuesta, Sebastián vislumbró en el horizonte una silueta difusa. Poco a poco la imagen comenzó a esclarecerse hasta revelar en lontananza una abandonada estación de servicio. El cartel que años atrás había revelado la surtidora que la suministraba ahora parecía una escultura polvorienta de los resabios de la Guerra Fría y se notaba que nadie pasaba a cargar combustible por allí desde hacía mucho tiempo. Las paredes del frente de la construcción donde se encontraban los baños públicos, la caja y el pequeño mercado de abarrotes para que los viajeros compraran víveres para sus travesías, estaba descascarada y repleta de lamparones de humedad. Si no hubiera advertido la presencia de un sujeto adusto sentado en el cordón, fumando con una serenidad atemorizante un cigarrillo tan cerca de aquel océano de petróleo crudo, juraría que el lugar estaba desierto.   El hombre se sorprendió al ver llegar a alguien desde la montaña, sólo y cubierto únicamente por...

CAPÍTULO XXI: Foxtrot Golf Hotel.

Si hubiesen intentado adentrarse en las profundidades más inhóspitas del mismo infierno, Gaona, Mastromarino y los suyos no hubieran dado con un panorama más desolador que el que encontraron al llegar a la estación de 9 de Julio. Un olor nauseabundo llegaba desde un inmenso caño que pendía del techo del obstruido túnel en dirección a Catedral,  producto del reciente impacto provocado por el bólido extraterrestre, y el amontonamiento de escombros había generado una nube espesa de polvo incapaz de sortear. Cada quién es libre de elegir su propia muerte, pero de haber sabido que aquel lugar podría ser el último que visitarían, seguramente hubieran optado por otro mejor.   Al ver aquel panorama desalentador Gaona ordenó que el grupo se dividiera en cuadrillas y realizaran un recorrido de reconocimiento, cubriendo la totalidad de ambos andenes en busca de una salida antes de que aquel lugar se derrumbara por completo. Marinelli, Mastromarino, Gastón y Gaona investigarían el and...

CAPÍTULO XX: Espejitos de colores.

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     El 12 de Octubre del año 1492 de nuestro calendario, en lo que hoy es Nausáu en Bahamas, un joven lucayo corría entre risas, intentando escapar de sus amigos que lo perseguían para darle caza en un juego infantil. Al llegar al borde del archipiélago, donde el mundo se transformaba en mar perdiéndose en lo desconocido, quedó petrificado. Una intensa luz azul, distinta a cualquier cielo que jamás hubiera visto, le llenó los ojos de miedo. Luego, vio tres siluetas colosales acercándose desde el fin del mundo como monstruos imposibles y pensó que querrían comérselo por desobedecer la orden de su padre de no alejarse de la tribu.   Regresó aterrado a través del espesor del follaje que lo abrazaba como un hijo pródigo y en ese camino se sintió reconfortado por lo conocido. Sentía el tacto de cada hoja como una caricia de su madre perdonándolo. Junto a su gente se encontraban unos sujetos extraños y deformes. Sus rostros estaban repletos de pelo, formando figuras p...