CAPÍTULO XXVI: Melodía universal.
Se encontraba agitado. Los últimos meses había sentido un agobio que le resultaba ajeno, como si su cuerpo entero hubiera comenzado a despedirse de manera paulatina. Siempre había entregado todo de sí en cada presentación, con la energía de cien trenes concentrados en su cadera y una voz que destruía cualquier muralla que la segregación intentara levantar. Sobre sus hombros cargaba la voluntad de todo el pueblo estadounidense. Había hecho más que cualquier otro y aún no era suficiente para él. Necesitaba dejar en claro que era el Rey, hasta el último suspiro. Había soñado desde chico, viviendo en los barrios bajos, con ese momento: un lugar donde el sol brillara fuerte y los pájaros cantaran, siendo todos iguales. El momento había llegado. Llevaba en sus espaldas un sol dorado y su voz iba a retumbar aquella noche del 21 de Junio de 1977 en cada pared del Rushmore Civic Center de Rapid City al sur de Dakota, pero aún no lo sabía. Estaba concentrado en entregarse una vez más. Salir...