CAPÍTULO XXII: Ideología Galáctica.
Al
bajar el último trecho de la cuesta, Sebastián vislumbró en el horizonte una
silueta difusa. Poco a poco la imagen comenzó a esclarecerse hasta revelar en
lontananza una abandonada estación de servicio. El cartel que años atrás había
revelado la surtidora que la suministraba ahora parecía una escultura
polvorienta de los resabios de la Guerra Fría y se notaba que nadie pasaba a
cargar combustible por allí desde hacía mucho tiempo. Las paredes del frente de
la construcción donde se encontraban los baños públicos, la caja y el pequeño
mercado de abarrotes para que los viajeros compraran víveres para sus
travesías, estaba descascarada y repleta de lamparones de humedad. Si no
hubiera advertido la presencia de un sujeto adusto sentado en el cordón,
fumando con una serenidad atemorizante un cigarrillo tan cerca de aquel océano
de petróleo crudo, juraría que el lugar estaba desierto.
El
hombre se sorprendió al ver llegar a alguien desde la montaña, sólo y cubierto
únicamente por una piel de vicuña que tapaba una ropa muy primaveral para
encontrarse al borde de la Cordillera de los Andes. Movido por la curiosidad
más que por un genuino altruismo, se acercó al forastero y parándose frente a
él con una solemnidad imponente le extendió la mano.
-
‘Ta fresca la tarde hombre, como para andar así.- sugirió, con cierto tono de
sorna.- Néstor Trento, para servirle.
-
¿Dónde estoy, buen hombre?
-
Está en la Ruta 48, amigo. Se debe haber perdido rumbo para la cordillera,
seguro viene de la Hostería del Paso Hua Hum. Lo que no comprendo, son dos
cosas: Primero, cómo es que no lo vi pasar de camino a la montaña.- Don Trento
lo miró perplejo durante unos segundos antes de continuar.- Y por segundo: ¿En
dónde fue que lo asaltaron?
A
un lado de los surtidores dormía una vieja camioneta con una caja de madera
gastada, totalmente comida por termitas.
-
Todavía sirve, amigo. Aunque parezca que
mandinga se la va a llevar de las patas de un momento para el otro. Si gusta lo
puedo regresar a la hostería. Tranquilo, no le voy a cobrar… Pero antes, no hay
nada mejor pa’l frío que un buen vaso de vino.
Azorado,
Sebastián creyó imposible que aquel hombre no hubiera reparado aún en su
identidad, tras haber estado en las primeras planas de cada diario y en todos
los noticieros del país. Sin querer entregarse a la posible traición del azar
al revelar su identidad, pudiendo generar en Trento un reconocimiento fugaz que
milagrosamente aún no había sucedido, sugirió:
- Don
Trento, he notado que en su surtidora no tiene televisión...
- Rato
que no tengo, amigo.- respondió el hombre.- La vista es algo que ha dejado de
acompañarme hace años. Y para gente que me mienta ya me tengo a mi mismo...
- ¿Y cómo
se informa?- preguntó algo aliviado Sebastián.
- Cada
tanto me arrimo a San Martín de los Andes cuando muevo una encomienda o voy a
visitar a mi hija. Pobrecita, la tengo de abandonada...- confesó pensativo,
aferrándose al volante con la vista puesta en el sinuoso camino bañado de
blanco.- Pero principalmente por la radio, pibe. Es mi gran compañera. ¿Querés
que la encendamos?
Antes de
que Sebastián Acosta pudiera siquiera negarse, Trento había empezado a
manipular el dial intentando sintonizar alguna estación local de las que solían
acompañarlo en sus travesías.
- Lo malo
es que la señal en estos trajines es fulera. Toda onda corta, programas locales
de pueblitos cercanos. Pero vamos a ver qué podemos encontrar...
- ¿Así
que tiene una hija? - preguntó Sebastián, intentando disuadirlo de la hazaña de
encontrar señal a la que se había avocado sin soltar la mano izquierda del
volante ni apartar los ojos del camino.- ¿Cómo se llama?
-
Andrea... Meses que no la veo... A ver... Ahí está.
Repentinamente
y contra todo pronóstico, de las gastadas bocinas de los altavoces de la
camioneta comenzó a oírse una voz que intentaba impostar solemnidad en uno de
los programas radiales más transmitidos a nivel federal.
"...el
otrora galán de novelas, de exitosa trayectoria en cine y televisión a fines
del siglo pasado, habría declarado: 'Mi mujer no sabía nada de lo nuestro. Me
destruye haberle roto el corazón, pero el amor que sentimos con Horacio es
verdadero'."
Sebastián
suspiró aliviado al advertir el tinte amarillista y chismoso de la columna que
estaban escuchando y se relajó. Para cuando las siguientes palabras comenzaron
a oírse ya era demasiado tarde.
"En
otras noticias: Luego de los particulares patrones celestes que pudieron
avistarse en nuestro cielo hace unas horas, sumado a la repentina colisión en
plena Cordillera de un LV-Foxtrot Golf Hotel sin ningún tipo de desperfecto
previo en su motor, las autoridades no descartan reabrir la investigación
acerca del particular bólido que se estrellara días atrás en plena Calle
Corrientes, mismo objeto que fuera descartado por la NASA tras ser investigado
en el Área 51 y devuelto inmediatamente al ser considerado como una ofensa por
los norteamericanos. Ampliaremos."
- Con
esto de los 'alien' es creer o reventar...- sugirió finalmente Trento, con
cierto tono incrédulo que ocultaba más de lo que sugería, antes de sintonizar
otra estación que pasaba una música tropical que desentonaba con aquel páramo
helado y volver a enfocarse en el camino.
Mientras
tanto, a 470 años luz en una cárcel oculta en las profundidades de Kepler 438b,
una discusión acalorada estaba llevándose a cabo en un idioma incomprensible
para el oído humano:
- Se
escapó. Es inútil seguir discutiendo, intentando lavar culpas- recriminaba una
voz femenina a su interlocutor.- Tenemos que atraparlo y devolverlo a su
condena antes de que haga con ellos lo que hizo con los nuestros. Su sed de
poder es arrolladora, si no lo alcanzamos pronto el daño será irreversible.
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