ANEXO I: Clorindo 'Tesla'
Para cuando el día llegó a su meridiano y los bodegones de la Boca comenzaban a poblarse de parroquianos, en el subsuelo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno se reunían en juicioso claustro las personalidades más influyentes del país, en busca de una alternativa de cara al inminente caos que se avecinaba, antes de que el caso tomara relevancia mundial.
El
Presidente de la Nación, acompañado de un selecto comité de infectología
devenido en asesores de fenómenos celestes, encabezó aquella tertulia. También
se encontraban allí los dirigentes de cada provincia, exponentes del ámbito
científico reconocidos a nivel mundial que se mordían los codos intentando
vislumbrar alguna alternativa potable, para retrasar el advenimiento del resto
de la flota que no tardaría en llegar y personalidades del cine y la televisión
que mucho no sabían qué hacían allí, pero por lo menos servían para hacer bulla
y dejar en claro por todos los medios que allí se estaban tratando asuntos
importantes.
Entre
las posibilidades que se barajaban en las altas esferas, estaba la opción de
que el impacto se hubiera producido por un residuo rocoso de algún meteorito
debilitado al ingresar a la atmósfera, pero unas horas más tarde se comprobó
que el extraño cuerpo orbitó cada vez más cerca de nuestras cabezas hasta que
salió despedido sin más, nuevamente hacia el infinito. Sin dudas una de las
opciones por las que más se inclinaba la pugna científica – por conveniencia
del rubro y de la humanidad entera - era que se tratara de los restos de un novedoso vehículo eléctrico enviado al
espacio. El responsable juró que visitaría el país, daría la cara frente al
posible detonante del desastre y se haría presente en la reunión.
Sin
embargo, la premura que sugería la situación obligaba a descartar rápidamente
ambas hipótesis y pensar en lo peor. Aquello temido por todos desde que el
hombre puso un pie en la luna y se creyó colonizador de lo desconocido.
La
primera en hablar fue una reconocida modelo que había saltado a la fama a
principios de los 2000 en un reality show del prime time televisivo. Para
sorpresa de varios escépticos que la juzgaban de tonta formuló la pregunta tan
temida, esa que todos callaban y nadie se animaba a esgrimir:
- ¿Sabemos cómo son físicamente?
Todos
los presentes se quedaron atónitos y el Presidente levantó la guardia para
intentar conservar la compostura y evitar que se derrumbara el ánimo colectivo
en la sala:
- Lo importante ahora es saber cuál va a ser la
estrategia que emplearemos frente a la amena…
Inmediatamente,
desde el fondo de la sala, una voz profunda interrumpió al mandatario.
- Creo que lo que señorita sugiere es de suma
importancia.- sentenció con la mirada fija en la larga mesa oval un galardonado
boxeador de peso pesado que hasta ese momento había permanecido impertérrito,
como una enorme gárgola decorativa al fondo del salón.- Debería tomar más en
serio sus palabras, Presidente.
Entonces
un silencio abrumador inundó la habitación. Tras unos minutos en los que no
voló ni una mosca, un científico que se postulaba como joven promesa para el
Premio Novel puso en su regazo tímidamente un portafolio, lo abrió y sacó
tembloroso una serie de papeles arrugados en ese orden imperfecto que sólo la
ciencia puede garantizar.
Depositó
los documentos sobre la mesa a la vista de los concurrentes y poco a poco todos
se congregaron en torno al misterioso contenido de aquellas hojas.
Sorprendidos, comenzaron a identificar en ellas figuras indefinidas que
conformaban una extensa variedad de cuerpos amorfos. Algunos más humanizados,
con brazos y piernas fácilmente identificables. Otros, por el contrario,
sumamente anómalos y plásticos, como masas indeterminadas.
Tras
observar los retratos durante largo tiempo, uno de los artistas más afamados y
desleales del país, acusado por el público de innumerables plagios, comenzó a
intervenir las piezas de forma descarada, agregando en cada una de ellas
detalles que creía pertinentes, transformándolas en burdas imitaciones de sus
ya desleales personajes, como si fueran grotescos disfraces.
- Creo que los bichos que van a venir podrían ser
algo más parecido a esto…- sentenció mientras rubricaba cada una de sus
intervenciones a modo de sello de pertenencia sangrón e inamovible.
Todos
permanecieron incrédulos frente a aquel acto de vandalismo descarado.
- Estimado, respeto su obra pero creo que lo de
recién ha sido demasiado.- comenzó a sugerir en reprimenda el Presidente.- Teniendo
en cuenta el denodado trabajo que…
Antes
de que pudiera completar la oración, una ajada leyenda de la escena del rock
nacional más temprano apagó un cigarrillo a medio terminar en la mesa y se
paró, tambaleándose. Con una seña cómplice animó al boxeador y ambos comenzaron
a propinarle una golpiza descomunal al artista. La modelo comenzó a llorar
desconsoladamente arrodillada en el
suelo, junto al cuerpo inmóvil que yacía ensangrentado.
Delicadamente,
ambos caballeros volvieron a sus asientos en silencio.
- Podemos continuar, Presidente.- sentenció el
boxeador.
Lo
que nadie sabía es que ninguno de esos retratos, ni los originales ni los
alterados, se acercaba en lo más mínimo a la cruda realidad. Por más vueltas
que le dieran al asunto, jamás llegarían a comprender en la esclavitud de los
sentidos la forma de los visitantes.
Finalmente,
el dueño del vehículo que se encontraba a la deriva en el espacio jamás
apareció.

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